El negro se desvaneció del cinturón.

Tengo un Cinturón negro de más de 18 años de uso. Muchos estudiantes me preguntan: Sensei, ¿por qué no comprar uno nuevo? He intentado varias veces en reemplazarlo. Paso un tiempo con uno nuevo, y estoy de nuevo con mi viejo cinturón que parece un trapo. Después de todo, hay años y años de práctica, por eso aquel cinturón se incorporó a mi vida.

 
Antes de ser cinturón negro ya deseaba mi cinta deshilachada. Cuando veía un Maestro o un veterano karateca, soñaba con el día en que obtendría mi cinta negra y cuando la tuviera en ese estado de uso.

En ese momento yo pensaba, motivado por el orgullo o la vanidad, el contar con esa cinta, ahora entiendo la transformación del color en esta, al pasar de negro al blanco por tanto uso, esto es el siguiente simbolismo: el Camino, la evolución de lo que nos lleva al eterno retorno.

 
Tomando nota de la gente que realmente admiro, gente del camino (DO), he notado, después de todo, los rastros de la sencillez y la humildad, es la Ley, porque saben que nada saben, son como los manojos de arroz, entre más cargados, más encorvados están.

 
En Karate-Do, vemos que, incluso después de muchos años de práctica, hace falta mucho por mejorar, tanto en el aspecto técnico o el aspecto humano. Y que, inevitablemente, un día nos encontramos con defectos, así sea ejecutando un Kata Básico o al hacer un kumite con un novato. De esto se deduce entonces que la perfección es inalcanzable.

 
La perfección no es un resultado que se obtiene, pero el buscarla es necesario y acarrea un incesante proceso de dedicación. Por lo tanto, lo importante es el grado de intencionalidad que debemos poner en nuestra práctica, hasta el punto de ser capaces de absorber el máximo beneficio a cada ejercicio. Y esto sólo es posible cuando ejercitamos el cuerpo y el alma, sin mucha ansiedad y angustia, derivados de la excesiva esperanza de obtener un resultado. Como dijo, Katsumoto, personaje en la película El Último Samurai: “La vida en cada aliento, en cada taza de té …’.

 

Siendo el principal obstáculo para la mejora, la vanidad, solamente a través de la humildad, estamos dispuestos a reconocer nuestras deficiencias y debilidades a fin de que más tarde podamos superarlas y avanzar en el camino. Y será la persistencia, la virtud que nos alentará a repetir un sin número de veces el mismo golpe, el mismo movimiento, hasta se
vayan integrando naturalmente a nuestro ser.

Es muy común observar que los estudiantes que llegan al Club y perciben que hay que trabajar duro desde el principio, se rehúsan a entrenar, esto es un gran engaño, pues la técnica avanzada, en mi opinión, es una ilusión. Mejorar la técnica sería el término correcto. El entrenamiento de la fuerza, por ejemplo, para un maestro y un discípulo es siempre la misma. ¿Qué la diferencia es la calidad de   movimientos adquirido a lo largo de los años.

 
En la práctica correcta, un karateca siempre estará inspirado en entrenar con entusiasmo y vigor, así sea en una clase para principiantes o para avanzados. El mejoramiento se concreta a través de un modo simple, como el de ser y estar en el mundo, como el niño que una vez abierto a la experiencia, sigue el flujo natural del desarrollo, aún cuando muchos de nosotros tienden a seguir la corriente inversa debido a la falta de humildad y de la necesidad de ostentación.

 
Un hecho muy llamativo en relación con el tema, ocurrió cuando participé en un seminario dictado por el joven expositor y bi-campeón japonés Masaaki Yokomichi. Estábamos en la parte de atrás del gimnasio, con el Maestro Sagara, a quien al iniciar la formación de saludos lo dejaron relegado. El joven expositor al observar lo ocurrido se dirigió al Maestro y con venias y reverencias lo invitó a tomar el lugar de honor de maestros de donde había sido desplazado. El Maestro, sonriente, le dijo que no se preocupara por él y que continuara porque la formación estaba muy bien realizada. Y el Maestro Sagara formó a nuestro lado los dos días con el mismo entusiasmo de un cinturón blanco.

 

Por: Helio Arakaki (Brasil) – Traducido y adaptado por Carlos Botero

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