EL KARATE, MUCHO MÁS QUE UN DEPORTE DE COMPETICIÓN

Por: Ss. Carlos Botero –       6 Dan – F.C.K – Director Técnico Cóndor Club.

La práctica del Karate-Do es sin lugar a dudas algo especial que va mucho más allá de una actividad física, caracterizándose por ser incluyente, involucrando personas de diferentes edades, sin importar limitaciones y creencias. El Karate más que un deporte es un arte marcial que puede beneficiar y ayudar de manera integral a la formación física y del carácter de las personas.

Practicar Karate es recorrer un camino, sin un objetivo concreto al cual llegar, de forma tal que el propio camino se convierta  en el objetivo. Lo ideal es disfrutar ese viaje, beneficiándose física, mental y espiritualmente, y quizás obteniendo con el tiempo otros resultados menores, no como objetivo sino como consecuencia.

Karate es un camino de vida, con los años se aprende que  para permanecer en él se debe  mantener la ilusión del principiante, ilusión que lamentablemente muchos practicantes pierden transcurrido el tiempo. Para evitar esto es importante recordar las motivaciones que llevaron a iniciar su práctica, de forma tal que con los años el practicante no pierda su objetivo centrándose en otros objetivos mundanos  que al final ocasiona que esa magia  inicial que se buscaba se vaya diluyendo.

El Karate se debe entrenar con Mente Abierta. “Una persona con mente abierta es aquella que acepta las ideas de los demás para analizarlas, comprobar si son ciertas, y finalmente dudar un poco hasta tener un resultado certero”.  La mente abierta es la disposición de aprender sin prejuicios, reconociendo al otro tal y como es, aceptando las diferencias que cada uno tiene, respetando la pluralidad, las diferentes voces, los diversos puntos de opinión.

Hoy en día la mayoría de practicantes y en el peor de los casos los instructores, se dejan llevar de las tendencias, haciendo lo que todo el mundo hace, sin la necesidad de cuestionarse sobre las acciones o los pensamientos adoptados en su ser. En la práctica diaria es fundamental la mente abierta, entrenar con la concepción que siempre hay espacio  para  aprender, corregir y por ende mejorar no solo a través de los entrenadores, sino también por medio de nuestros compañeros de clase, de nuestros alumnos.  Algunos practicantes que olvidan lo anterior caen en la falsa creencia que son imbatibles sintiéndose los mejores de la ciudad, del país, del mundo, confiando ciegamente en las habilidades adquiridas, olvidando que más allá de alimentar el ego es importante recordar que siempre se debe  entrenar más fuerte, con mente abierta para adquirir nuevas habilidades con el propósito de vencerse a sí  mismo.

Simplemente tener una mente abierta, significa ser objetivo para ir más a fondo en todo aquello sobre lo que se requiera conocer la verdad. Las personas que no tienen mente abierta, muchas veces no son capaces de respetar las ideas, las personalidades, las culturas, las creencias, las acciones y hasta la manera de ver el mundo de otras personas.

Se dice que antes de comenzar la práctica del Karate se piensa que un puñetazo es un puñetazo y una patada es una patada. Luego, cuando se lleva un tiempo practicando Karate un puñetazo se convierte en mucho más que un puñetazo y una patada en mucho más que una patada, son técnicas llenas de detalles técnicos. Sin embargo, cuando se llevan muchísimos años en el Karate, se da cuenta de que un puñetazo es solo un puñetazo y una patada es solo una patada. Es porque “superada” la fase de años en que se busca depurar y perfeccionar con rigor esos detalles técnicos se entra en una etapa en la que se va comprendiendo que la aptitud técnica es solo el vehículo para recorrer un Camino de valores personales como lealtad, disciplina, respeto, humildad y cortesía.

También, es verdad que muchos se gastan toda una vida practicándolo y jamás llegan a entender la profundidad del arte, incluso llegan a perder totalmente esos valores, pero en fin cada vez se tiene más claro que el verdadero Karate es para privilegiados y personas con el corazón limpio, no para todo el mundo.

El Karate para muchos les ha aportado todo, es importante traer a colación el espíritu japonés del IKIGAI, que es un concepto en el que confluye aquello que más se ama, aquello que se sabe hacer bien, aquello que la sociedad necesita y aquello por lo que incluso le pueden pagar. Es por eso que el Karate ha sido un IKIGAI, ha sido una pasión, una misión, una vocación y parte de la profesión de cada uno, si se ha tenido ese privilegio durante muchos años eso marca el camino, es una satisfacción personal, es a través del Karate donde se ha formado familia directa e indirectamente, se ha viajado, se ha disfrutado, sufrido, pero ante todo se ha servido mediante el trabajo consciente  formando grandes ciudadanos.

Si bien es cierto que dentro de las principales motivaciones para sentirse a gusto una persona adulta en una práctica de arte marcial son mantener su salud, desarrollar su condición física y ayudar a relajarse, no se debe desconocer que la gran mayoría de los practicantes al dejar su vida competitiva se motivan más y sienten más deseos de continuar en la práctica es por el bienestar socio-sicológico que el Karate-Do les proporciona.

Es indudable la función del Karate-Do en la mejora del bienestar individual y social, en especial está siendo cada vez más importante en la medida que se incrementa el número de personas con problemas de ansiedad o depresión. Continuar en la práctica del Karate, no solo como un ejercicio aeróbico, favorece en gran medida la reducción de estos problemas.

La relación de la práctica continua del Karate con el bienestar psicológico tiene un carácter correlacional más que causal. Los efectos se sienten de manera inmediata y las personas dicen sentirse mejor inmediatamente después del ejercicio, efecto que suele permanecer durante varias horas.

El Karate-Do, en la etapa posterior a la competición, ha demostrado tener un impacto positivo en una diversidad de esferas, como el fortalecimiento de la autoestima, el aumento de la sensación de control, la mejora de la autoconfianza y la mejora del funcionamiento mental. Lamentablemente,  a pesar de atribuírsele tantos beneficios, son pocas las personas que mantienen nuestro arte como un estilo de vida activo y perdurable a lo largo de la vida adulta.

Artículo publicado en Revista Karate No. 6 Junio 2018

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