JAIME FERNÁNDEZ, LA HISTORIA DEL KARATE EN COLOMBIA

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“Yo tenía seis años cuando le vi y él es un ejemplo de que todas las personas que hacemos karate tenemos como una chispa o energía diferente que se muestra en la actitud, en el caminar y en el cotidiano de los que entrenamos karate”, exaltó Pablo Ríos, entrenador de karate de la Universidad del Rosario.

  Tomada por: Alejandro Esguerra  

En el pequeño y acogedor salón todos se ponen en filas. El senpai, el karateca con más experiencia en el grupo, grita con euforia ¡sheiza! y todos se colocan de rodillas. A continuación se escucha ¡mokuso! La idea es que todos se olviden de los problemas y respiren correctamente. Con ¡mokuso yame!, terminan la meditación. Al final saludan al lugar, al maestro y a los compañeros. Los primeros saludos de karate en Colombia se deben a Jaime Fernández Garzón, pionero de este deporte en el país.

En la ciudad de Buenos Aires, en 1959, él empezó a practicar karate mientras estudiaba medicina. Así fue entretejiendo sus direcciones con este deporte. Fue tan grata su experiencia que su vida personal cambió. La disciplina, la cortesía, la justicia, la humildad y el esfuerzo se volvieron su principal arma para liberar su mente y regir su vida cotidiana.

Luego de un duro proceso de entrenamiento y en manos del sensei Shoei Myazato, Jaime Fernández recibió su primer Dan (serie de rangos que se le dan a un karateca después de obtener un cinturón negro), Cuando hacia karate, él impactaba bastante con sus posiciones y posturas. Terminó su carrera de medicina y dos años después regresó como el buen hijo que vuelve a su tierra, a Villapinzón (Cundinamarca). Uno de sus alumnos, declara con firmeza que si no hubiese sido por él, el karate habría llegado 10 años después, con la invasión de otros deportes que tenían carencia de valores.

A 14 minutos de su pueblo, empezó a trabajar como médico en un hospital del municipio de Chocontá. Incentivó a sus compañeros a practicar este deporte que tiene sus raíces en las tierras japonesas. Les contagió tanto su pasión, que sus entrenamientos empezaban desde las diez de la noche y, la mayoría de las veces, terminaban hasta a las dos de la madrugada. En aquellos entrenamientos surgía el karate en Colombia.

El 6 de marzo de 1967, Enrique Rey y Jairo Rozo Báez, sus alumnos preferidos, le ayudaron a hacer un grupo para promover y darle más importancia a este deporte. Las clases se daban a estudiantes de un bachillerato nocturno en Villapinzón. “Desde la primera clase, nos inculcó su espíritu. Uno verlo ahí grande, con su energía y su poder”, afirma uno de sus primeros estudiantes.

  Foto de: Jaime Fernández  

Carlos Botero, exalumno del maestro en 1976 y ahora sensei de la escuela de karate “Cóndor” de Bogotá, relata su primer momento con él en una clase. Desde el principio el respeto, la disciplina, la constancia, el esfuerzo y la superación fueron su base y constante. “Él ha formado mucha gente y siempre ha sido muy exigente, muy marcial, muy disciplinado y militar, para sus clases y todos sus alumnos”, manifiesta.

Esta personalidad que siempre lo ha caracterizado lo llevó en octubre del 1967 a fundar en Bogotá la primera academia colombo japonesa de karate. Este deporte, empieza a tomar fama llegando a ser transmitido en la televisión donde aparece el maestro Jaime Fernández dirigiéndolo. Esta transmisión fue grabada en la Plaza de Toros de Santa María.

El año de 1970 fue muy importante para el sensei porque entregó sus primeros cinturones negros en el país a Enrique Rey, Carlos López, Alejandro Romero y Jairo Rozo Báez, a los cuales siempre les tuvo mucho aprecio. Ellos continúan su linaje.

Ese año también fue muy importante porque fundó la liga de karate de Bogotá separándose de las organizaciones que empezaban a asociarse con el estado. Una persona cercana a él, dice que no aceptó qué el gobierno invadiera y regulara el karate, ya que las distinciones debían ser dadas por linaje y no certificadas por una institución que no tiene nada que ver con el arte marcial. Tal vez, fue por esta razón o como buen colombiano que es orgulloso de sus logros, no quería dejar que otros que no tenían los valores y formación en un dojo –lugar donde se aprende la filosofía del karate tuvieran el privilegio y honor como él, de entregar esas distinciones. Jaime Fernández se retira de la academia y funda la liga de karate de Bogotá en 1972.

Cuando recibió su quinto Dan, ya había formado a muchas personas las cuales hoy en día, se refieren a él como su guía. En una palabra, Carlos Botero lo define como “espíritu”, ya que actualmente a pesar de no estar dando clases a los cerca de 25 mil o 30 mil karatecas que tiene Colombia ellos llevan presente su historia y su esfuerzo para fomentar el deporte en el país. “Yo tenía seis años cuando lo vi y él es un ejemplo de que todas las personas que hacemos karate tenemos como una chispa o energía diferente que se muestra en la actitud”, exaltó Pablo Ríos, actual entrenador del grupo de karate de la Universidad del Rosario.

Al pasar los años, como todo maestro, dejó su trabajo para descansar y ver sus logros. Con sus 83 años se mantuvo un poco más alejado de la dinámica cotidiana del karate. En las ceremonias de entrega y cambio de cinturones llenaba de energía a las personas que compartían su pasión por el arte marcial. Los apoyaba para seguir esforzándose. Él motivó y sigue motivado a los niños para que siguán practicando este deporte.

Su caminado, vestidura elegante y sobre todo su cabello blanco y brillante eran las características físicas que más lo hacían sobresalir y que cualquier persona notaba cuando lo veía. Era el reflejo de su madurez mental, por supuesto esto lo hacía brillar más que los demás. Él demostraba su actividad en simples movimientos y actuaciones como coger el micrófono y motivar a la gente. Incluso en su Facebook, que con su edad trato de unirse y utilizarlo para transmitir lo que aprendió durante sus años de entrenamiento. Escribía con mayúsculas reflejando autoridad y entusiasmo, al pensar que sus amigos y muchas personas que lo seguían, le daban las gracias por el esfuerzo de tantos años.

  Foto de: Carlos Botero  

El sensei dirigió la primera selección colombiana de karate, la cual participó en el II campeonato latinoamericano y del caribe en Panamá. Su primera exhibición fue en el teatro municipal de Tibirita, Cundinamarca. Estos acontecimientos significaron para él, el principio de una vida llena de trabajos y reconocimientos. Él siempre tuvo gente a su alrededor que le apoyaba y le motivaba para seguir adelante. “Él, hace 40 años, era una persona muy vigorosa, con una preparación física excelente. Esperamos a que siempre esté activo, así no sea practicando karate. Que siempre nos esté motivando en las ceremonias oficiales y en los torneos” expuso Carlos Botero, días antes del fallecimiento del maestro.

Hasta el 18 de mayo, Jaime Fernández fue el Sensei del Dojo “Karate Campestre”, ubicado en Chía. Él se mantenía como una figura de respeto y sus las clases eran dictadas por maestros encargados. No obstante, él siempre será el sensei ahí. “Ahora su energía muestra una figura más paternal, como el padre de todos nosotros en el camino del karate”, concluyó Carlos Botero.

Mientras el fundador del karate en Colombia hace vivir la historia del deporte. En este momento, muchos alumnos, sempais y senseis lo despiden con un ¡sheiza!. Agradecen al lugar, al maestro, a sus compañeros y a Jaime Fernández por estar practicando este deporte.

  Tomada por: Alejandro Esguerra  

*Jaime Fernández falleció a causa de un cáncer de estómago. Este texto fue terminado días antes de este lamentable hecho por tal motivo expreso mis más sentidas condolencias a sus familiares, amigos, alumnos y conocidos que siempre tendrán presente su energía.

Por: Leidy Herrera Rodríguez

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