CUENTO No. 1: MEMORIAS OCULTAS DE UN VALIENTE LUCHADOR O  LA HISTORIA DE BYE 

Por: Gustavo Adolfo Lozano Moreno C.N. 6 Dan F.C.K.

Dos años antes se había realizado el I Campeonato Nacional de la Unión Colombiana de Ligas de Karate-Do, evento con el propósito de escoger el mejor de Colombia. Esa vez el Campeón Nacional fue el karateka de la Liga del Valle, Germán Libreros Sánchez, yo había quedado relegado al tercer lugar por haber perdido por Hansoku, al haberle causado lesión seria, al sensei Carlos Lugo. De esta forma, Germán Libreros fue así el primer Colombiano en participar en 1986, en un Campeonato de orden Mundial, en la ciudad de Sydney, Australia.

Ahora seguía yo, y la suerte estaba echada, me había preparado física, técnica, tácticamente para estar donde hoy estaba, listo a participar en mi primer Campeonato Mundial de Karate-Do. Habían sido 24 años de práctica de este arte marcial, y los dos últimos años una etapa fuerte de entrenamiento para ponerme a punto para estar a la altura de este evento tan importante en la vida y aspiraciones de un deportista, que como yo había superado las limitaciones económicas familiares y las de la Unión Colombiana de Ligas de Karate-Do, UCLK., que más tarde se consolidó como la Asociación Colombina de Karate ASCOK, dirigida por el Shihan Hiroshi Taninokushi, a la cual yo pertenecía.

Llegaba así un Samurai colombiano dispuesto a pararse en la línea, donde, dentro de un tatami de ocho metros cuadrados, se yerguen quienes van a dar comienzo a una combate de tres minutos con el fin de escoger round por round al mejor karateka del mundo.
Al haber viajado sólo hacía las veces de competidor, entrenador y delegado, por esta misma razón me habían entregado a la mano la planilla de competencia, que por aquellos tiempos era de categoría única, con 128 combatientes, en el cual figuraba en el combate número 6, casilla 11, enfrentándome al puesto número 12, en el que figuraba un apellido del que nunca voy a olvidarme ¡BYE!. Si, era cierto: Col vs BYE, inicialmente pareció un nombre simpático, con una pronunciación contundente por lo corto y preciso de su pronunciación y del que no le atinaba a imaginar cuál sería su ascendencia, si japonesa, árabe, europea, africana o asiática, sólo estaba seguro que no era de origen latino, por lo que sólo me quedaba suponer que era Judío, algún descendiente del holocausto nazi, de la segunda Guerra Mundial, quizás forjado en el dolor y la esperanza de conquistar el mundo.

A continuación seguí ojeando la planilla de competición y vaya el susto que sufrí, cuando que encontré con el hecho de que el mismo karateka BYE, sin nacionalidad alguna, aparecía nuevamente en trece combates más, contra: Espinos A. y Egea, de España; Millerson y Josepa, de Curazao; Pinda, de Francia; García Magñon,de Argentina, Suzuki (Jap), Charles V. de (GB), Lefevre G. ( Cro), Benetello , Italia; Papadópulos K., de Grecia; Alagas, de Turquía; Amozade, de Irán; todos ellos campeones del mundo, entonces me pregunte, ¿ Quién es este monstruo de competidor que se atreve a inscribirse catorce veces para enfrentarse, solo, sin escudo ni armas, a los mejores del mundo? ¿ Qué reconocimiento mundial podría tener yo para haber sido escogido dentro de los grandes del planeta para enfrentar a este tan valeroso y afamado BYE? Y por sobre todo ser yo el primero en enfrentarlo.

En ese instante transcurrió por mi mente, como una película rebobinada de principio a fin, toda mi vida deportiva desde mi comienzo en el Club de la Caja Nacional de Previsión, CAJANAL, bajo la tutela de Rodolfo Delgado, hasta el muy reciente II Torneo Nacional de la UCLK, realizado en la ciudad de Chocontá, Cundinamarca, con el similar propósito de escoger al karateka que habría de representar a Colombia, en el siguiente evento de carácter mundial. Torneo Nacional en el que fui vencedor tras derrotar en la final a Carlos Lugo, deportista de la Liga del Valle del Cauca y de haber dejado en el camino las esperanzas de un centenar de aguerridos deportistas del país que al igual que yo aspiraban a tan deseado mérito. De tal forma que al ser el Campeón Nacional fui seleccionado como el único deportista para representar a mi país en el IX Campeonato Mundial de Karate-Do, a realizarse en el mes de noviembre de 1988, en la ciudad de El Cairo. De lo que estoy escribiendo bien pueda dar fe otro de los grandes del Karate-Do Colombiano, el Sensei Hollman Bedoya, instructor de la Liga del Atlántico, quien como Coach trabajo en mi esquina hasta hacerme Campeón y así verme triunfar.

Título de Campeón Nacional, que había ostentando en tres anteriores ocasiones en las que había vencido a combatientes de talla internacional, tales como: John Jairo Cardona, Eliecer J. Solera S., Carlos E. Botero J., Gustavo Echavarría, Carlos Lugo, Francisco Cifuentes Sr, y Gabriel Martínez, a quien con respeto bauticé “La Bestia Negra” por la fiereza de sus ataques y efectividad de sus técnicas de combate.

Mientras divagaba sobre mi palmarés deportivo, alcancé a escuchar el primer llamado a competencia, LOZANO, mi apellido, pronunciado con un perfecto acento Inglés, que me impelía a presentarme en la línea de combate del área tres, fue allí cuando entré en terror, por la arrogancia que evidenciaba BYE, y pensé en no presentarme. Luego un segundo llamado por parte de Esteban, esta vez más enérgico e insistente. , ¡ LOZANO !, ! LOZANO !.

Cuando escuché el tercer llamado, fue cuando me armé de valor y, fue así que hice mía la proclama del soldado boyaco y con mucho orgullo, exclamé a los cuatro vientos: “Colombiano por qué juyis? No os percatáis que la patria os menesta? Jorme de uno en fondo, arrejunte las patas y las manos para jondiar geris y Zukis por doquier. Gritos de “Kya”” por puchos totie y tras la victoria chorrier, que la consigna de esta batalla será Si es muy bravo el enemigo, me deguelvo; Si es flojito, me escondo; Y si no hay naidies…Adelante colombiano que pa’ morir nací!”. Así envalentonado mi fui a dar la más feroz y valiente de todas mis peleas, pero cuando llegué al área de competencia ya había perdido por Kiken, Bye se había ido, y sólo me quedó devolverme a Colombia sin haber combatido una vez siquiera y con la inmensa amargura, que aún hoy, 27 años después, me embarga, por no haber conocido al afamado BYE, el audaz luchador que me venció sin que yo le hubiera dado pelea y sabiendo que todavía por los corrillos de cada sitio de competencia mundial aún se comenta con sutil sarcasmo, que hubo uno vez, en un país de hadas, un BYE que en una ronda de 128 competidores, se presentó 14 veces, perdiendo en 13 oportunidades, pero saliendo vencedor en una contienda, la que dio contra un valeroso colombiano, que de tanto admirarlo ¡sin combatirlo quedó vencido!.

Gustavo Adolfo Lozano Moreno